Permanecer sentados aumenta el riesgo de discapacidad en los adultos mayores: estudio

Abuelos sentadosUn equipo descubrió que cada hora que los mayores de 60 años pasaban sentados estaba asociado con un 46 por ciento más riesgo de discapacidad, aun cuando hicieran ejercicio con regularidad.

FUENTE: Journal of Physical Activity and Health, online. Febrero del 2014

“Era un factor de riesgo independiente”, dijo la autora principal, Dorothy Dunlop, de la Escuela Feinberg de Medicina de Northwestern University, Chicago. “Sabemos que la actividad física es positiva para la salud y que un estilo de vida sedentario es negativo”.

Pero pocos estudios habían indagado si la actividad física moderada o intensa contrarresta los efectos negativos del sedentarismo.

En Journal of Physical Activity and Health, el equipo de Dunlop publicó que los estadounidenses tienen un estilo de vida sedentario.

En los adultos mayores, la discapacidad es una segunda preocupación porque está asociada con un aumento del gasto médico y del riesgo de internación en hogares especiales u otros centros de salud.

Si nuevos estudios demuestran que el sedentarismo produce discapacidad, algo que este estudio no hace, entonces los adultos mayores podrían prevenir la discapacidad con más actividad física durante el día.

El equipo analizó información reunida en el período 2003-2006 durante un estudio gubernamental sobre la salud de los estadounidenses. Los autores se concentraron en los datos de 2.286 mayores de 60 años que habían utilizado durante por lo menos cuatro días un dispositivo para medir el nivel de actividad física.

También se les había realizado un examen físico. Los participantes tenían una discapacidad si no podían realizar algún cuidado personal, como vestirse.

Los autores comprobaron que los participantes permanecían despiertos unas 14 horas diarias. Nueve de esas 14 horas las pasaban sentados o sin moverse. Por cada hora de inactividad, el riesgo de padecer alguna discapacidad crecía un 46 por ciento.

El equipo aclaró que los registros de la actividad física de los participantes excluirían algunas formas de ejercicio porque los dispositivos utilizados no detectan adecuadamente el movimiento de la parte superior del cuerpo o el uso de una bicicleta.

Además, los participantes se habían sacado los dispositivos para nadar.

Stephen Kritchevsky, director del Centro de Envejecimiento Sticht del Centro Médico Bautista de Wake Forest, Winston-Salem, Carolina del Norte, opinó que aún es demasiado temprano para asegurar si las intervenciones que promueven la actividad física durante el día previenen la discapacidad, aunque descartó que produzcan algún daño porque otros estudios sugieren que el movimiento mejora la funcionalidad física y mental.

 

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