Deporte, dinero y polémica: En la liga de fútbol infantil de la ciudad de Buenos Aires, los chicos cobran por jugar

Foto AFP

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Sin reglas que lo impidan, muchos clubes porteños contratan a niños del Conurbano, que juegan hasta cinco partidos por semana para distintos equipos. Un nene puede juntar 4.000 pesos por mes.

En el vestuario, Leandro Paredes y sus compañeros reciben indicaciones del entrenador. Es el entretiempo del partido entre las categorías 94 de Parque y Sportivo Pereyra de Barracas, dos equipos de chicos de 12 años. Afuera, en las gradas, la madre de Paredes se le acerca a Gigo Andretto, del cuerpo técnico del club. “¿Y la plata?”, le pregunta. “Madonni está en Alemania por el Mundial. Cuando vuelve, te paga”, le responde. “Si no está la plata mi hijo no sale a jugar el segundo tiempo”, le grita ella.

Ese sábado a la tarde de 2006 en el club Parque, Paredes –que siete años después se convirtió en la última gran aparición de las divisiones inferiores de Boca y fue cedido a préstamo a la Roma a cambio de 1.400.000 dólares– salió del vestuario, pero para irse a la casa. Se fue de la mano de su mamá, sin cambiarse. Era un “extranjero”. Así se les decía –se les dice– a los chicos que viven en el Conurbano y juegan para clubes de Capital Federal en ligas de baby fútbol a cambio de dinero. “En esa época a Paredes le daban 1.800 pesos por mes”, le dice a Clarín Ricardo “el Conejo” Elsegood, entrenador de Sportivo Pereyra de Barracas, que presenció el episodio. Cuando su club juega contra Parque u otros clubes que gastan hasta 12 mil pesos por mes en pagarles a chicos de 6 a 13 años, sus jugadores y sus padres les cantan: “ …los pibes no son mercenarios/ por plata no van a jugar/ juego por la camiseta/ solo me quiero divertir/ Barracas es un sentimiento, no paga remís… ”.

A “los extranjeros” siempre los llevan en remís o en camionetas. Basta con pararse un sábado en la puerta de algún club para verlo: el auto estaciona y baja el conductor. Busca al directivo o entrenador del club y recibe el dinero acordado. Recién ahí los chicos entran al club y juegan. Apenas termina el partido, todos subirán a la camioneta. A las corridas. Porque otro club, otros directivos, los están esperando. A veces, para hacer más rápido, algunos chicos son subidos a motocicletas. Van uniendo distintas zonas del Conurbano y la Ciudad en pocas horas. Hay tantos chicos que juegan varios partidos al día que es difícil encontrar un equipo en el que todos usen las mismas medias. Siempre hay alguien que viene de otro club. “Hay muchos pibes que hoy están en Primera o están por subir que no salían a jugar si antes no cobraban. ¿Qué tiene que ver todo esto con la esencia de los clubes de barrio y la formación de los pibes?”, advierte el legislador y creador del programa radial sobre baby fútbol “El semillero”, Milcíades Peña.

En los campeonatos de la Federación Amistad Fútbol Infantil (FAFI), la liga de baby fútbol más competitiva del país, jugaron Carlos Tévez, Sergio Agüero, Marcelo Gallardo, Andrés D’Alessandro, Gonzalo Higuaín, Javier Saviola, Pablo Zavaleta, Erik Lamela y Esteban Cambiasso, entre otros (ver pág. 42). Son, en total, siete años. En los primeros cinco, el equipo es de cinco jugadores y el arquero, y en los dos últimos, de cuatro y el arquero. Cada partido ganado representa dos puntos, que se van sumando a la tabla de esa categoría y a la general. Se juegan dos tiempos de veinte minutos por encuentro. Un club puede sacar hasta 14 puntos por jornada, si gana todos los partidos. En total son 120 clubes, divididos en letras: de la “A” a la “G”. Cada sábado, más de 5 mil chicos compiten en la liga.

Se cree que de la “A” a la “C”, la mayoría de los clubes contrata “extranjeros”.

Hay chicos que llegan a jugar hasta tres partidos por sábado y dos por domingo. Los horarios de las distintas ligas hacen que sea posible. A un promedio de 200 pesos, que es el “básico” que pagan los clubes, un chico de entre 6 y 13 años puede generar 4.000 pesos al mes. Muchas veces, los que reciben el dinero son ellos. Apenas termina el partido hay un delegado –el nexo entre el club y la liga–, un papá o un entrenador que reparte los billetes. En los vestuarios es común que los entrenadores les griten a esos chicos: “Estás cobrando 300 pesos, ¿cómo puede ser que no me ganés el partido vos?” En el ambiente se sostiene que las zonas donde se encuentran los mejores jugadores son Pacheco, Tigre, José C. Paz, San Miguel, Moreno, Quilmes, Florencio Varela y Laferrere. Ha habido casos de suspensiones y expulsiones de clubes por arreglos de partidos: en la semana, por teléfono, los entrenadores de ambos clubes se ponen de acuerdo. Los chicos juegan como si nada, sin saberlo, pero después en la planilla figurará el resultado acordado.

En la semana, a diferencia de los equipos que no pagan, los “extranjeros” no entrenan con sus compañeros. De lunes a viernes, los clubes están vacíos. Los chicos van directamente a los partidos. Muchos clubes tienen personas que se encargan de detectar pichones de cracks en ligas del Conurbano o potreros y les ofrecen un dinero a sus padres a cambio de ficharlos. A veces, traen chicos desde el interior del país, como ocurría con Pablo Zavaleta, el cuatro de Argentina en el próximo Mundial, que cada semana venía desde Arrecifes para jugar en baby en Parque Chas los sábados y en San Lorenzo los domingos. Según pudo constatar Clarín con entrenadores o delegados que prefirieron no dar sus nombres por posibles represalias, hay padres de chicos que reciben hasta mil pesos por partido. Otros, además, les ofrecen trabajo a sus padres: son equipos como Camioneros o clubes ligados a partidos políticos. También, les dan la posibilidad de hacer ”changas”: los días de partido tienen que llevar y traer de sus casas a algunos chicos. Algunos menos les van regalando electrodomésticos. Quienes hacen esa “inversión” son representantes o directivos de clubes que tienen “convenio” con clubes de Primera, para promoverles jugadores a cambio de un porcentaje de una futura venta al exterior. Pero también hay padres que ponen dinero de sus bolsillos para que los equipos de sus hijos sean más competitivos. O personas con mucho dinero que quieren que sus clubes peleen campeonatos o se salven del descenso, como ocurrió en el club Bristol, que gastaba hasta 4.000 pesos por sábado en traer chicos del Conurbano.

Pero la situación no es nueva. En el ambiente se dice que el primer caso, o el que se hizo más conocido, también involucró a Parque. Ocurrió en 1983. Juan Pablo Sorín tenía 8 años y jugaba en el club El Alba. Ramón Maddoni ya trabajaba en Parque, y le propuso al entrenador de El Alba darle quince jugadores a cambio de quien se convertiría en el capitán de la Selección en el Mundial de 2006. Así lo cuenta Maddoni en la página web del jugador. Pero la leyenda que se comenta en los clubes dice que el “pase” también habría incluido pelotas, pecheras y algo de dinero. Los representantes y convenios entre clubes comenzaron a fines de los 90. Entonces se les comenzó a pagar por jugar.

Hace unos años, Parque puso en su camiseta el escudo de Boca Juniors. Parque Chas hizo lo mismo con el de River, y Bernardino Rivadavia, de la Liga del Oeste, colocó el de Vélez. Los “convenios” entre clubes de baby y clubes de primera son varios. Por ejemplo, Vélez Sarsfield tiene con Villa Luro Norte. San Lorenzo, con Estrada de Almagro. Eso implica que los chicos que jueguen en las infantiles tengan que jugar al Baby en esos clubes de fútbol. Si no, son “colgados” y quedan afuera del equipo de cancha de once. Agronomía tenía convenio con Argentinos Juniors. Pero cuando el baby fútbol del club de La Paternal ascendió a la “A” de FAFI, los directivos le “sugirieron” a sus chicos que dejen Agronomía y se pasen a Argentinos.

Agronomía, sin jugadores, decidió retirarse de la Liga.

Fabián “Pepe” Castro tiene 48 años. Es el coordinador de actividades de Maldonado y de las divisiones inferiores de Tigre. En un banco pegado a uno de los arcos, recuerda los chicos que pasaron por el club y llegaron a primera: Marcelo Gallardo, Maxi López, Cristian Pellerano. Para “Pepe”, los viejos clubes de barrio, donde los abuelos se juntaban todas las tardes a charlar y tomar algo y la familia comía los sábados en el buffet, ya casi no existen.

“Nosotros nunca le pagamos a los chicos. Pero no les cobrábamos la cuota, y les conseguíamos botines y viáticos para que vinieran. Así llegamos a tener a 50 sobre 60 de nuestros pibes. Teníamos un convenio con River, nos intercambiábamos jugadores: el que andaba bien acá iba a River y ellos nos ayudaban a tener categorías más competitivas”, dice. Hasta que en 2002 decidieron modificar la política del club.

Pidieron descender y pasaron a jugar a la “B”, con pibes del barrio. Todos les decían que estaban locos. Once años después, el club de Palermo ascendió. “Queríamos ganar con pibes que sintieran la camiseta. Ahora les inculcamos el sentido de pertenencia. Buscamos que todos se conozcan, que compartan entrenamientos, que miren los partidos de sus compañeros de otras categorías. Organizamos bailes, asados. Estamos orgullosos”.

A un costado de la cancha hay una escalera que da a un primer piso. Ahí se ubican los chicos de las otras categorías para alentar a sus compañeros que están jugando. Los sábados que enfrentan a un rival que tiene “extranjeros”, les cantan: “ Con los pibes del barrio les vamo’ a ganar… ” “Hubo un momento en que nos preguntamos: ‘¿qué beneficio nos da traer chicos del Conurbano?’. Algunos creen que el negocio está en la escuelita del club, que los nenes del barrio se acercan más y pagan la cuota si FAFI del club es bueno. Pero el tiempo demostró que no. En la ‘B’ llegamos a tener 160 alumnos”.

Milcíades Peña, el ex legislador y creador del programa radial sobre el baby fútbol, cuenta que comenzó a acercarse a los clubes de barrio por sus dos hijos varones. Fue hace veinte años, cuando se mudó a Mataderos, a metros del club San Martín. Sus hijos pasaban más horas ahí que en la casa. Milcíades se enganchó con la vida del club; con eso de ir a comer al buffet, quedarse charlando con los otros papás. “Le vi el costado social. Estudié y desarrollé leyes a favor de los clubes porque creo que cumplen una función elemental.” Hace unos años, cuando lo de pagarles a los chicos se hizo muy común, Peña quiso armar una confederación de ligas de Buenos Aires. La primera medida iba a ser que todas las categorías comenzaran al mismo horario, para que los chicos no pudieran jugar para más de un club en el día. La idea no logró apoyo. “Las Ligas hacen la vista gorda. Pero los primeros responsables son las comisiones directivas de esos clubes. Yo he discutido mucho del tema; los representantes están convencidos de que les hacen bien a los pibes pagándoles por jugar. Pero vos tenés que ver esa situación: los chicos todos transpirados, arriba de una camioneta esperando que llegue la plata para bajar a jugar”.

En un café de Villa del Parque, una persona muy ligada al club Parque habla con Clarín a cambio de anonimato. “Este es un ambiente complicado”, aclara. Lo primero que cuenta es que hasta los 90, los entrenadores de Parque no pagaban más que la gaseosa, una hamburguesa y un viático; que muchos chicos querían jugar allí porque el que andaba bien podía jugar en cancha de once de Argentinos Juniors. Pero que todo se desvirtuó cuando se hizo un convenio con Boca. El acuerdo habría consistido en un dinero mensual que recibía Parque a cambio de que los mejores jugadores pasaran a Boca cuando se terminaba el baby fútbol. Si alguno llegaba a primera división y después era vendido, Parque recibía el 5% de la transacción: el 3% era para el club y lo restante a dividir entre Ramón Maddoni y Gigo Andretto. En 2007, por ejemplo, Fernando Gago, categoría 1986, que había hecho los últimos años del baby en Parque y luego pasó a las inferiores de Boca, fue vendido al Real Madrid a cambio de 20 millones de euros. Según el convenio, al club se le acreditaron 700 mil y Maddoni y Giggo recibieron 300 mil euros más.

A muchos de esos chicos los veían en otro club y se les acercaban –a ellos o a sus padres– para proponerles jugar en Parque y en Boca. Pero aquel convenio se terminó, y la plata también. Hoy Parque está cerrado porque una obra de esa época quedó por la mitad. Alejandro Hermida, el presidente actual del club, dice que “Hoy sólo pagamos el remís. Lo que pasa es que si no lo hace uno lo hace otro: todos pagan. S e juega en el que sea el mejor postor.

Yo estoy en contra, por eso el año pasado festejé un cuarto puesto más que cuando salíamos campeones.” Parque Chas, donde entre otros jugaron Javier Saviola, Pablo Zavaleta y Jorge Ortiz, tenía en 2013 un presupuesto de 10 mil pesos para “viáticos” de chicos. Este club siempre pelea la tabla general de la liga frente a la Asociación Vecinal Pueyrredón, cuyo dirigente Luis Pereyra también trabajaría en Argentinos Juniors. Los que conocen la liga dicen que esos y otros clubes hacen algo que se hizo normal: recorrer el interior del país y traer chicos a la Ciudad. Después los ponen en contacto con un representante. Tres fuentes consultadas por Clarín dicen que en el caso de Puyrredón sería siempre el mismo. A él se le pide que les pague a los chicos para que jueguen en ese club, que según estableció este diario hasta 2010 gastaba seis mil pesos en viáticos para chicos.

“Somos únicos”, dice una de las banderas de la canchita de Sportivo Pereyra de Barracas, el club donde sus jugadores y padres les cantan a los equipos con “extranjeros” que ellos “no pagan remís”. Son únicos, porque no les cobran cuota a ninguno de los chicos, gracias a que los entrenadores trabajan gratis. Son únicos, dicen, porque siguen haciendo vida social: juntan ropa para familias que vivían en un conventillo incendiado y dictarán talleres de oficio para los chicos: de carpintería, soldadura, albañilería. Porque cada sábado, al término de la jornada, casi quince familias se quedan en el club para comer un asado. Son familias de amigos que hasta comparten vacaciones. Pero son únicos, más que nada, por la decisión que tomaron: “Nosotros empezamos en la última letra y ascendimos a la ‘A’. Nos mantuvimos, y pedimos bajar de división para demostrarles a los clubes que sin pagarle a los pibes podés competir. Y también, que cuando los pibes son de tu club, te siguen en la ‘G’, la ‘D’ o la ‘A’”, cuenta Ricardo Elsegood, técnico con más de 25 años en el club.

Desde hace un tiempo, él dejó de enviar a sus chicos a cancha de once. Dice que a los que fueron a Huracán les dijeron que tenían que jugar al baby también ahí, y dejar Sportivo Pereyra. “ Un 80% de los clubes al menos le paga a un jugador por categoría ”. Y agrega: “acá los chicos juegan los siete años en el mismo club. Pero en el resto, se desvirtuó todo. Van cambiando de clubes como los jugadores de Primera, que pasan seis meses o un año en cada equipo”.

POR NAHUEL GALLOTA publicado en Clarin.com

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