EE.UU. abre cuatro bases militares para hospedar a niños “sin papeles”

A la espera Familias de centroamericanos indocumentados aguardan ser atendidos en un refugio de la Iglesia del Sagrado Corazón de Texas REUTERS

A la espera Familias de centroamericanos indocumentados aguardan ser atendidos en un refugio de la Iglesia del Sagrado Corazón de Texas REUTERS

La inmigración ilegal desde América latinaPor día cruzan la frontera 90 chicos sin padres. Ya hay 52.000 detenidos. A fin de este año llegarían a 100.000. Son inmigrantes indocumentados que huyen solos de sus países de origen, golpeados por la violencia y la pobreza.

Un drama crece en el corazón de EE.UU.: miles y miles de niños que cruzan la frontera solos, sin documentos, víctimas de coyotes y de durísimas travesías en el desierto, se agolpan en centros de detención que están colapsados. Acosado por lo que consideró una “grave crisis humanitaria”, Barack Obama decidió abrir cuatro bases militares para alojar a esos niños sin papeles que buscan quedarse en suelo estadounidense, escapando del maltrato, el desempleo y la violencia que azota a varios países de Centroamérica En momentos en que crecen las presiones para que el Congreso trate una reforma migratoriaparalizada por los republicanos, se suma este drama en la frontera, donde el número de chicos que viajan solos se triplicó en los últimos años. Según datos oficiales, unos 90 niños no acompañados cruzan la frontera por día y ya suman unos 52.000 los detenidos en los últimos meses tras ingresar al país, cifra que podría llegar a 100.000 a fin de año.

Como los centros de detenciones están colapsados, el gobierno ordenó reacondicionar bases militares en Texas, Oklahoma y Baltimore para alojarlos, así como la de Ventura en Colombia. Organizaciones de inmigrantes se indignan porque creen que un cuartel militar no es el ámbito indicado para contenerlos. Buscan garantizar que los menores tengan acceso a beneficios básicos como baños, camas y comida, pero también a asistentes sociales y abogados.

Según cuenta a Clarín Uriel González, director de la Casa YMCA para Menores Migrantes en Tijuana, México, la mayoría de los chicos tienen entre 12 y 17 años (aunque hay hasta bebés) y escapan sobre todo de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua por la violencia que se vive en estos países, donde abundan el desempleo, el crimen y las pandillas que aterrorizan a los jóvenes, las “maras”.

El albergue que dirige González refugia a los menores que han sido deportados desde EE.UU. y no saben a dónde ir. Ha refugiado más de 69.000 chicos expulsados en 24 años y dice que nunca vio un flujo semejante hacia Estados Unidos. Cuenta a Clarín cómo cruzan: “Por lo general, el niño viaja solo desde Centroamérica y se junta en México con el pariente que vive en Estados Unidos, que es el que negocia con el “coyote” (el que por dinero ayuda a cruzar la frontera). Los que tienen más dinero pagan para hacer un cruce más seguro y más corto. Suplantan con documentos falsos la identidad de un estadounidense y hacen pasar al chico por un estudiante, con rasgos físicos que se parecen. Esto puede costar más de 5.000 dólares:la cifra se ha incrementado mucho por los controles más estrictos en las zonas urbanas”. Pero la mayoría, que no tiene ese dinero, se arriesga a un cruce más peligroso por el desierto con temperaturas que en verano pueden llegar a los 52 grados.

Algunos hacen viajes familiares mixtos para abaratar costos: los papás viajan por el desierto o las montañas, y los niños (hasta bebés) son cruzados por el “coyote” con papeles falsos. Pero las cosas pueden salir mal si alguno cae en manos de la patrulla fronteriza y el niño puede quedar solito en un centro de detención, instalaciones que hoy están abarrotadas.

Desde octubre del año pasado, los agentes de la Patrulla Fronteriza arrestaron a más de 52.000 niños que cruzaron solos, la mayoría en el Valle del Río grande en Texas. A la vez, el gobierno lidia con más de 39.000 adultos con niños sorprendidos cruzando ilegalmente la fontera. El gran desafío es procesar a los inmigrantes arrestados y hallar lugares para alojarlos.

Cuando son detenidos, los chicos comienzan un proceso legal que puede durar entre 8 y 10 meses en situación normal. La mayoría de los niños solicitan ser contactados con los parientes en EE.UU. y piden el estatus de refugiados. Hay más de 360.000 casos en las cortes federales de inmigración ,con lo que podrían pasar años antes de que un juez ordene la salida de muchos de ellos.

Además de abrir los cuarteles militares para alojar a los chicos, Obama lanzó una fuerte ofensiva diplomática para desalentar que los niños inicien el viaje.

“No manden a sus hijos a la frontera. Si llegan, los enviaremos de vuelta y, lo que es más importante, podrían no llegar”, alertó. Obama envió al secretario de Estado John Kerry la semana pasada a Guatemala y Honduras, donde advirtió que los niños no deben lanzarse a esa aventura riesgosa.

Todo esto sucede en el primer aniversario de la sanción del proyecto de reforma migratoria en el Senado, trabado por la oposición republicana en Diputados y que tiene escasas chances de ser aprobado. A menos que se produzca un cambio drástico, las próximas elecciones legislativas de noviembre, donde se estima que ganarán los republicanos, pueden sentenciar las ya escasas posibilidades de una reforma del sistema migratorio. La crisis que hoy viven miles de chicos en los centros de detención parece no conmover demasiado a los congresistas de Washington.

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